LA ATALAYA // Semana 16 al 22 DE FEBRERO // ARTÍCULO DE ESTUDIO 50
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PREDICACIÓN PÚBLICA.
El publicador estará trabajando en la lección 9 el punto 4,
que dice
Piense en la persona. Recuerde lo que han hablado y pregúntese:
a. “¿Por qué necesita conocer la
verdad?”.
b. “¿Cómo mejoraría su vida ahora y en
el futuro si estudiara la Biblia?”.
Duración 4
minutos
Circunstancia
La publicadora realiza una revisita en una floristería, recordando una
conversación anterior en la que la señora Carmen expresó su amor por la
naturaleza y los animales. Durante la charla, Carmen plantea una inquietud
sincera sobre por qué existen animales peligrosos si Dios es amoroso.
Publicadora
(sonriendo con calidez):
Hola Carmen,
estoy aquí en su floristería como quedamos la vez pasada, como a estado
Carmen
(con una sonrisa cordial):
Hola Ana Bien gracias a Dios… pase, pase, siéntese un momento. Justo terminé de
darle agua a mis plantas.
Publicadora
(pasando con amabilidad):
—Gracias, qué amable. Se nota que le encantan las plantas… la vez pasada me
comentó que le gusta mucho la naturaleza y los animales, ¿verdad?
Carmen:
me fascinan… todo lo que tenga que ver
con la naturaleza me llena de paz. Pero sabe… algo me he quedado pensando desde
entonces.
Publicadora
(con interés y voz suave):
—¿Ah sí? ¿Qué cosa, Carmen?
Carmen
(mirando con expresión de duda):
—Pues... si Dios es un Dios tan amoroso como dicen… ¿por qué creó animales tan
peligrosos como los leones o los osos? ¿Por qué tienen ese instinto de matar? A
veces eso me confunde…
Publicadora
(asintiendo con comprensión):
—Qué buena pregunta, Carmen. De verdad que no todos se detienen a pensar en
eso. Es natural preguntárselo porque hoy día los animales cazan para
alimentarse o atacan para protegerse. Ese instinto de defensa o de caza es
parte de cómo han sobrevivido en este mundo tan diferente al que Dios creó al
principio.
Carmen
(con expresión pensativa):
—Ahhh… claro, es por eso que atacan. Para comer o para defenderse… tiene
sentido.
Publicadora
(con voz tranquila):
—Exacto. Pero fíjese que según la Biblia, en el principio las cosas no eran
así. Cuando Dios creó a los humanos y a los animales, su propósito no era que
unos se mataran a otros. Los creó para que vivieran en paz, en armonía… sin
violencia. Las circunstancias de ese tiempo eran completamente diferentes a las
de hoy.
Carmen
(interesada):
—¿Y los animales… no eran peligrosos?
Publicadora
(negando suavemente con la cabeza):
—No, para nada. Los animales no eran una amenaza para el hombre… ni el hombre
para los animales. Mire lo que dice este texto en Génesis 1:29. ¿Le gustaría
leerlo usted misma?
Carmen
(tomando la Biblia con interés):
—Sí, claro... (leyendo despacio) “Les he dado toda vegetación que da semilla
que está sobre la superficie de toda la tierra y todo árbol en el cual hay
fruto de árbol que da semilla. Que les sirva a ustedes de alimento”.
Publicadora
(asintiendo con una sonrisa):
—Así es… Dios dio a los primeros humanos, Adán y Eva, alimento vegetal, es
decir frutas y vegetales no carne. Y fíjese que también lo hizo con los
animales. Mire el siguiente versículo, Génesis 1:30.
Carmen
(buscando y leyendo):
—“A toda bestia salvaje de la tierra y a toda criatura volátil de los cielos
y a todo lo que se mueve sobre la tierra en que hay vida como alma les he dado
toda la vegetación verde para alimento”… ¡Ah! O sea que… tampoco los
animales mataban.
Publicadora
(con voz serena y cálida):
—Exacto. Al principio todo era paz. Los animales no necesitaban cazar ni atacar
para sobrevivir. Dios los diseñó para alimentarse de vegetación, no de carne.
Pero con el tiempo, por causa del pecado y la imperfección que entraron en el
mundo, eso cambió. Por eso hoy vemos que muchos animales cazan o se defienden…
es una distorsión de aquel hermoso propósito original.
Carmen
(reflexionando):
—Vaya… yo no sabía eso. Siempre pensé que los leones o los osos siempre habían
sido agresivos. Pero ahora entiendo que no fue así desde el principio… Qué
bonito sería que volvieran a ser mansos como antes.
Publicadora
(con voz esperanzadora):
—Y sabe, Carmen, Jehová promete que en el futuro las cosas volverán a ser como
al principio. Los animales serán mansos de nuevo… no habrá temor ni peligro. De
hecho, hay profecías en la Biblia que muestran eso.
Carmen
(con interés):
—¿De verdad? ¿Dios va a hacer que los animales sean mansos como cuando los
creó?
Publicadora
(con tono animado):
—Sí, así lo promete en su Palabra. Y no solo eso… también promete un mundo
lleno de paz, donde los seres humanos disfrutarán de la naturaleza sin peligro.
Esas y muchas otras preguntas podemos responderlas con la ayuda de un curso
bíblico.
Carmen
(con una sonrisa sincera):
—Qué interesante… me gustaría saber más de eso. Tal vez podríamos hablar sobre
ese curso bíblico la próxima vez que venga, ¿qué le parece?
Publicadora
(con una expresión de alegría):
—Por supuesto, Carmen. Me encantaría. La Biblia tiene respuestas maravillosas
sobre nuestro Creador y el hermoso futuro que nos promete. Podemos ver cómo
sería vivir en esa paz que tanto le gusta.
Carmen
(asintiendo con entusiasmo):
—Perfecto… me parece muy bien. Entonces nos vemos en la próxima visita.
Publicadora:
—Sí, Dios mediante. Me dio mucho gusto conversar con usted de nuevo, Carmen.
Cuídese mucho.
Carmen
(sonriendo):
—Igualmente Ana. Que tenga un lindo día.
Conclusión final
La publicadora aplicó bien la lección 9, punto 4, al pensar en la persona y
partir de sus intereses y preguntas. Mostró cómo conocer la verdad bíblica
puede darle respuestas ahora y una esperanza para el futuro. Gracias a ese
enfoque personal y considerado, Carmen se sintió comprendida y expresó su deseo
de seguir aprendiendo mediante un curso bíblico en una próxima visita.
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